Bautizados en agua y Espíritu:
Hijos de Dios y discípulos misioneros
Con la fiesta del Bautismo del Señor se cierra el tiempo de Navidad y se abre el camino del tiempo ordinario. En este contexto, Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez invita a fijar la mirada en Jesús que desciende a las aguas del Jordán y en el día de nuestro propio bautismo. Cristo, sin pecado y sin necesidad de ser bautizado, se hace solidario con los pecadores para manifestar una novedad: ya no solo un bautismo de agua y penitencia, sino bautismo de agua y Espíritu Santo, en el que se abren las compuertas del cielo y el Padre proclama: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.
El agua se presenta como símbolo de fecundidad y vida, y el Espíritu como aliento de Dios que anima, da fuerza y despierta en el corazón la filiación divina que nos permite llamar a Dios “Abba, Papá Dios”. Por el bautismo participamos del misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor, somos rescatados del pecado, recibimos la gracia santificante y pasamos a vivir bajo el reinado de Dios, reino de amor, justicia, dignidad, santidad y paz.
Ungidos como sacerdotes, profetas y reyes, estamos llamados a vivir nuestra realeza en el servicio, ofrendando la vida por los hermanos y asumiendo la misión de discípulos misioneros en la familia, la Iglesia y la sociedad.
Que este redescubrimiento del bautismo encienda una llama de esperanza y coherencia: parecernos cada vez más a Cristo, camino, verdad y vida.
- Mons. Carlos Arturo Quintero Gómez